
Este verano añadimos un hito hotelero al mapa de Monbull, que se incorpora como accionista de: Hacienda Zorita Wine Hotel. Situado en un enclave único y concebido desde su orígenes para despertar la conexión con uno mismo y con los otros, este complejo reúne la combinación perfecta para ganarse tus sentidos… y tu corazón.
En Monbull creemos que los espacios no son únicamente escenarios donde suceden las cosas. Son parte activa de la experiencia. Influyen en cómo pensamos, cómo nos relacionamos y cómo recordamos los momentos importantes.
Esta es la razón de que seleccionemos cuidadosamente cada uno de los lugares que forman parte de nuestro portfolio, buscando aquellos que tienen personalidad, historia y capacidad para generar experiencias memorables. Entornos que aportan valor ya sea a una reunión estratégica como a una gran convención, un encuentro de equipo o una celebración privada.
Por eso nos entusiasma incorporar Hacienda Zorita Wine Hotel a nuestro portfolio, porque es un espacio que destila una magia especial.
Para entender su encanto es necesario remontarse al año 1366, cuando Doña Inés de Limoges donó el «lugar y aceña de Zorita» al Convento dominico de San Esteban. Los religiosos de la Orden acogieron con regocijo la donación de este terreno excepcional, que reunía las condiciones ideales para establecer uno de sus monasterios.
Para empezar, estaba próximo al Tormes, lo que garantizaba el suministro de agua para la vida cotidiana del monasterio y para el funcionamiento de sus molinos, sobre los que se sustentaba su actividad económica. La cercanía del río desempeña en la actualidad un papel esencial, ya que aporta serenidad, invita a bajar el ritmo y favorece la conversación y la reflexión. Además, brinda a las noches de verano un frescor inolvidable.
El terreno, además, se sitúa en una fértil vega, lo que aseguraba a los dominicos el autoabastecimiento. Siglos de viñedos, huertos y olivares, han dado como fruto una vegetación exuberante que inspira la creatividad y propicia el encuentro.
El lugar también gustaba a los dominicos por combinar recogimiento y apertura al mundo. Hacienda Zorita ofrecía entonces y ofrece ahora el silencio necesario para la contemplación, pero también la cercanía de Salamanca, una ciudad monumental llena de historia y riqueza cultural, con infinidad de rincones por descubrir.
Las características del enclave favorecieron en el siglo XIV la construcción de espacios pensados para la convivencia. Claustros, patios, jardines y paseos junto al río invitaban al encuentro cotidiano, igual que hoy animan a compartir tiempo en familia, desarrollar proyectos en equipo o simplemente detenerse a contemplar el entorno.
Soñando con América
La historia quiso que este escenario privilegiado acogiera también un capítulo clave de la Edad Moderna. En el invierno de 1486 y 1487, Cristóbal Colón encontró en Hacienda Zorita un refugio donde trabajar, reflexionar y defender ante los dominicos la viabilidad de una nueva ruta hacia las Indias. Entre quienes escucharon sus argumentos se encontraba Fray Diego de Deza, confesor de Isabel la Católica, cuyo apoyo acabaría resultando decisivo para que la Corona respaldara una expedición que cambiaría la historia del mundo.
Todavía hoy Hacienda Zorita conserva la memoria de aquellos acontecimientos. Las antiguas dependencias monásticas forman parte del conjunto histórico, mientras que la espectacular bodega diseñada por Peridis evoca, con su estructura de madera, el casco invertido de una de las carabelas que acabarían cruzando el Atlántico.
Quizá sea esa capacidad para reunir personas, ideas y propósitos lo que explica la singularidad de Hacienda Zorita. Decía Santo Tomás de Aquino, también fraile dominico, que “es mejor iluminar que solamente brillar” y que “es más grande dar a los demás las cosas contempladas que solamente contemplarlas”. Porque las grandes ideas rara vez nacen en aislamiento absoluto: necesitan entornos donde la reflexión pueda encontrarse con la conversación, donde el conocimiento se comparta y donde las personas se inspiren unas a otras.
Por todo ello, la incorporación de Hacienda Zorita a la cartera de espacios de Monbull supone mucho más que la suma de un nuevo destino. Significa incorporar un escenario cargado de historia, inspiración y significado; un lugar que ha demostrado durante siglos su capacidad para favorecer el encuentro, la reflexión y el nacimiento de grandes proyectos. Para Monbull, contar con un enclave de estas características representa un paso adelante y un auténtico motivo de orgullo. Porque hay lugares que simplemente acogen eventos, y otros que forman parte de la historia de las ideas. Hacienda Zorita pertenece a esta última categoría.




