
Existe un lugar en Madrid donde el asfalto se convierte en arena de playa, el tráfico en rumor de olas y el cemento evoca las formas de una sirena suspendida en una quimera de mar de escaleras. Se trata del museo al aire libre de La Castellana, situado bajo el paso elevado que une las calles de Juan Bravo y Eduardo Dato. Un espacio muy especial que ha sido recientemente restaurado.
Esta peculiar área expositiva sin paredes, la primera en España, nació en los 70 de acuerdo a las nuevas corrientes museológicas que surgieron en Europa y América a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuyo objetivo era favorecer la convivencia, democratizar el arte y, en ocasiones también, exponer obras tras la destrucción de centros urbanos.
El plan, que no podía ser más loable, contó en su nacimiento con una pizca de polémica, que despertó la curiosidad ciudadana por el lugar. ¿El motivo? La pieza de Chillida, bautizada por el autor como “Lugar de encuentros III” y rebautizada por los madrileños como “La sirena varada”.
La historia fue que Arias Navarro, alcalde de Madrid en esa época, al saber que esta pieza (con sus 6.150 kilos), iba a estar suspendida del flamante puente de Juan Bravo, construido apenas dos años ates (en 1970), temió por la integridad de su estructura y, pese a todos los informes favorables de los ingenieros al cargo, pidió que la escultura no se colgase. Así que se pasó un tiempo sobre el suelo, bajo el paso elevado, como un animal mitológico desposeído de su esencia mágica, triste, desubicado, como una sirena varada.
En 1973, quizá con la esperanza de que los madrileños se olvidasen de ella, la sirena emigró, primero a la Fundación Maeght (París) y, después, a la Fundación Miró (Barcelona), para volver con toda su majestuosidad bajo la alcaldía de José Luis Álvarez, quien por fin logró colocarla en su ubicación original, donde permanece suspendida desde septiembre de 1978.
Más que una sirena
Aunque la obra del escultor vasco es quizá la más emblemática del lugar, debido a su historia, el museo alberga también otras 16 esculturas de artistas mundialmente reconocidos, que están enmarcados dentro de la vanguardia española del siglo XX.
Las piezas se reparten en una superficie de 4.200 m2, que consta de una amplia zona central y dos franjas ajardinadas, estructurada en tres niveles que salvan de manera suave la pendiente que hay desde la calle Serrano hasta el Paseo de la Castellana.
Cabe señalar que en los últimos meses se han llevado a cabo importantes trabajos de restauración en este conjunto escultórico, impulsados por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid.
Las actuaciones, iniciadas en el verano de 2025 y finalizadas en febrero de este año, han permitido intervenir de manera específica sobre la mayoría de las piezas del museo, atendiendo a la diversidad de materiales y técnicas empleadas. Las labores de limpieza, consolidación, reintegración y reparación puntual de elementos deteriorados, han devuelto al conjunto su coherencia visual y garantizado su correcta conservación.
Al ser concebido como un espacio abierto, sin barreras ni horarios, el Museo de Escultura al Aire Libre invita a ser recorrido a cualquier hora. Una iluminación delicadamente diseñada acompaña las obras cuando cae la noche, permitiendo que sigan dialogando con la ciudad y que su presencia se intensifique y se funda con el paisaje urbano de la capital.
En Monbull, enamorados del arte y de los espacios que lo acercan a la vida cotidiana, te invitamos a pasear por este museo recién restaurado, a detenerte ante las esculturas y a elegir tu favorita, dejándote llevar por el diálogo silencioso entre arte, ciudad y espectador.

