
Septiembre es un mes mágico en el que Pomona y Vertumno visten la naturaleza de abundancia para celebrar su amor en la vendimia.
De acuerdo con la mitología romana, Vertumno era el dios de las estaciones, del cambio constante y de la maduración de los frutos, que tenía el poder de transformarse en cualquier forma que desease. Pomona, por su parte, era la diosa protectora de los árboles frutales, los jardines, las huertas… que profesaba amor a los cultivos y rechazaba a todos sus pretendientes, Vertumno entre ellos. Cuenta la leyenda que él lo hizo todo para enamorarla, se disfrazó de pescador, de soldado, de segador… Pero ella seguía impasible. Finalmente, con el objetivo de despertar su interés, se transformó en una anciana que, además de elogiar sus huertos, le aconsejó aceptar a Vertumno (él mismo) como pareja . Cuando tenía casi convencida a Pomona, él reveló su verdadera identidad y ella, al verle transformarse en un apuesto joven, cayó rendida.
Dado que Pomona y Vertumno comparten su amor por la naturaleza, septiembre ha de ser uno de sus momentos favoritos del año. Es el mes de la cosecha, en el que los frutos alcanzan su plenitud y los viñedos se convierten en escenario efímero de celebración, evocando los célebres versos que otro enamorado, el poeta Horacio, dedicó a su amada Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero”, que significa literalmente “Cosecha el día, no confíes en el mañana”. En Monbull pensamos que no hay mejor manera de aprovechar el momento que siguiendo los pasos de Vertumno y Pomona hasta dos territorios donde el vino forma parte de su paisaje, su cultura y su identidad: el Marco de Jerez y las denominaciones de origen de Arribes, Sierra de Salamanca y Tierra del Vino de Zamora. Para descubrir estos territorios y adentrarse en su cultura vitivinícola, Monbull propone alojarse en dos espacios privilegiados: Monbull Home, en El Puerto de Santa María y Hacienda Zorita Wine Hotel & Spa, en Salamanca.
Una historia de criaderas y soleras
En el Marco de Jerez, la vendimia transforma completamente el paisaje jerezano. Desde mediados de agosto y hasta mediados de septiembre, las cepas maduran sus racimos y las bodegas comienzan un proceso en el que la paciencia y el tiempo son tan importantes como la propia uva.
De esta tierra nacen vinos tan diferentes como el fino, la manzanilla, el amontillado o el oloroso. Una de sus grandes singularidades es el sistema tradicional de criaderas y soleras, mediante el cual caldos de distintas edades se mezclan progresivamente para conservar sus características. Una forma de entender el vino que convierte el paso del tiempo en uno de sus ingredientes y que forma parte de una tradición reconocida desde 1933 por el Consejo Regulador del Marco de Jerez, que marca la primera Denominación de Origen en España.
Entre viñedos, patios y bodegas, el otoño invita a detenerse y dejar que el tiempo transcurra a otro ritmo. Es una buena ocasión para descubrir la esencia de una tierra en la que el vino forma parte del paisaje y de una forma de entender la vida. En este escenario, Monbull Homes, una casa-palacio portuense, es el lugar idóneo para adentrarse en la cultura del vino de Jerez.
El placer de descubrir vinos recoletos
Hay lugares que no aparecen en las rutas del vino clásicas y que esconden experiencias inolvidables para el paladar. Es el caso de Arribes, Sierra de Salamanca y Tierra del Vino de Zamora, D.O.s que guardan secretos para descubrir sin prisa. En estos territorios de viñedos singulares y bodegas de producción limitada, se descubren variedades autóctonas muy interesantes, como Juan García, Rufete, Doña Blanca, Puesta en Cruz, Mandón o Calabrés que encuentran una expresión única. Vinos de marcada personalidad, frescos y elegantes, nacidos de paisajes y suelos diversos y de una viticultura que mira al futuro sin renunciar a sus raíces. En Arribes, la originalidad y la frescura; en la Sierra de Salamanca, la finura que aporta la altitud; y en Zamora, la estructura y el carácter de sus viñedos históricos. Un destino recoleto, todavía discreto, que invita a descubrir una España vinícola menos conocida y extraordinariamente prometedora.
Para adentrarse en este territorio y disfrutar de sus viñedos en una estación mágica, como es el otoño, nada como una escapada a Hacienda Zorita Wine Hotel. Ubicado junto al Tormes y muy cerca de Salamanca, el hotel permite conectar con la naturaleza y descubrir unos vinos excelentes.
Desde Monbull os animamos a recorrer estas dos tierras de vino y dejar volar la imaginación. Quizá entre las barricas jerezanas podáis sentir a Vertumno, copa en mano, celebrando la vendimia, mientras Pomona contempla risueña desde la orilla del Tormes cómo el otoño comienza a teñir de oro el paisaje. Dos destinos para “Cosechar el presente” y brindar por la llegada de una nueva estación.




